El teatro como una oportunidad para hacer una profunda reflexión sobre la vida

Hoja de TET / noviembre 1996.

PARTE II.

Hay un punto expuesto por mí en la Hoja de TET de julio 96, que quiero hilar con lo dicho en esta Hoja, sobre todo en la actuación.

Hasta ahora he hablado de proposiciones, planteamientos e ideas de uno o varios de los integrantes y no de proyectos personales, ni proyectos individuales. La razón es que para mí hay una sutil diferencia entre las dos, trataré de explicarme:

El director tiene la intención de decir algo sobre un tema y una visión global de todos los factores que conforman la creación de una obra, donde uno de los elementos, el más importante, es el actor. Por lo general entre los dos se da el natural intercambio de ideas, imágenes o proposiciones, tratando de descubrir el pensamiento del autor. Pero, aunque haya este diálogo inteligente de tres, lo que le toca al actor es la disposición a la entrega, sin imposiciones, preconcepciones o toma de posiciones conceptuales cerradas que puedan obstaculizar este intercambio y lo que se quiere decir.

El actor al proponer sobre una obra, un proyecto personal, puedo deducir que tiene una intención sobre la que ha trazado un plan. Esto parece positivo. El problema es cuando este se personaliza o hay una identificación con lo propuesto, que lo aferra a un creer o un sentir que, por lo general, obstaculiza el diálogo y la disposición de la que he hablado antes. Creo que el problema en estos casos surge cuando el actor se coloca por encima del tema escogido o planteado, poniéndose en la actitud de utilizar el teatro como instrumento que le sirve para exponer sus problemas personales, que entran en lo psicológico y que tendría un mejor lugar estando en el campo de lo terapéutico.

A lo mejor este ejemplo puede ubicar algo de lo que digo.

Hay una diferencia entre:

Lloro la tragedia del personaje (que puede ser también la mía) y lloro mi tragedia sirviéndome del personaje.

Aclaro, no hablo de trabajos creativos en base a una metodología de auto penetración y mucho menos de interiorización. Ni cuando el director de actores trabaja a partir de la esencia o carácter personal del actor. Tampoco que no se pueda trabajar desde la identificación, pues, por ejemplo, el “Actor’s Studio” trabaja mucho con este método. Solo que tiene sus riesgos.

Hace varios años en uno de los seminarios del maestro López Pedraza, él hablaba de esas zonas vírgenes de la psiquis, poniendo el ejemplo del Don Juan que cuando habla con otro Don Juan de sus innumerables conquistas lo reta a seducir a una virgen, y que al aceptarlo comienza su destrucción. Parece que aún en estos personajes sin límites, hay zonas que es mejor no tocar. Estas zonas están en todos los seres humanos.

He hablado de riesgos. El trabajo del actor está en el ser otro. Cuando trabaja con métodos basados en la identificación, donde no hay distancia entre lo que soy y lo que estoy representado (sea un drama o una comedia), a lo mejor puedo tocar una de esas zonas vírgenes de la psiquis y pasarlas un poco mal.* Por eso es recomendable trabajar con un director y, mejor aún, con un maestro.

Quizás es mejor tener una relativa conciencia de que el entrar en la obra de un dramaturgo, en ese juego de relaciones y relatos, el subtexto, los personajes, el tema, las emociones, etc., es más bien una oportunidad para hacer una profunda reflexión sobre la vida, una reflexión que conmueve y que puede convertirse en una expresión de arte, vivo, que comunica y hace conmover al espectador, para que exista la reflexión en comunión.

También hay otras instancias de la identificación que tienen que ver con una profesión. Esto consiste en ver las cosas a partir de una relación con lo que hago y no con lo que “soy”, o creerme que soy lo que hago y no lo que “soy”.

Esto puede pasar con: “Yo soy actor”.

También puede pasar con un lugar donde trabajo, mi agrupo.

Ejemplo: “Yo soy del TET”.

Pero estos son puntos que mejor lo desarrollan personas con mucho más experiencias y más edad: el profesor López Pedraza o Elizabeth Albahaca.

Guillermo Díaz Yuma


Artículo en versión pdf:

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