El encuentro con Richard Cieslak

Hoja de TET / junio 1999.

El 26 de mayo de 1981 iniciamos el taller con Richard Cieslak en Toronto, Canadá. Veníamos de un trabajo con Elizabeth Albahaca, de dos meses, de lunes a viernes y de cinco a seis horas diarias, continuas, con pocas pausas. Eso fue en la segunda sede del TET en Los Chaguaramos, una casa que comenzábamos a acondicionar. La sala de trabajo era de piso de granito. Allí trabajábamos el entrenamiento de los ciclos físicos y plástico.


En años anteriores, Eduardo Gil había estado en la sede del Teatro Laboratorio participando en la experiencia del Árbol de las Fuentes; debido a esa relación, Eduardo pudo contarme de una manera más vivencial el trabajo de ellos, lo cual me impulsó el atreverme a pedir visitarlos en un taller con Molik, otro de los actores de Grotowski.

Escribí y fui aceptado, pero debido a problemas personales de trabajo y económicos no pude asistir. Tiempo después sin ellos saber que Elizabeth Albahaca estaba en Venezuela y muchos menos que estábamos trabajando con ella los ciclos, escriben de Canadá a Eduardo Gil sobre la apertura de un taller con Richard Cieslak. Elizabeth concluyó que Pancho y yo no debíamos faltar y de inmediato iniciamos los trámites para asistir.

La intención era tener el contacto que transmitiera de otra manera la experiencia de estos maestros, de este actor —considerado para mí el más importante de este siglo— formado por Grotowski, guía de Elizabeth en sus comienzos y compañeros de trabajo durante muchos años. Tener un encuentro con la persona que más profundizó en esto era importantísimo, indispensable y necesario.

Ya estando allá, en el primer encuentro con el grupo de gente que participaría en el taller, nos damos cuenta que todos los demás, a excepción de nosotros dos y Richard, eran canadienses de diferentes estados y profesionales. Casi todos actores de teatro, pero también actores de T.V., directores, escritores o dramaturgos.

En la primera intervención, después de preguntarnos nuestros nombres y por qué estábamos allí, nos dijo entre otras cosas:

  • Yo no soy un profesor. Soy un motivador.
  • Esta es una profesión (la de actor) muy difícil. Si uno busca estar cómodo no hay sentido en el trabajo.
  • No es que Grotowski te pone la mano en la cabeza y te convierte en actor.
  • Son ustedes los que me van a enseñar a mí, no lo contrario.
  • …además ¿qué puedes aprender en nueve días?
  • ¿Tu quieres ser actor?

Durante el resto de los días se hicieron ejercicios, juegos, improvisaciones, cantos, trabajo con el ciclo físico y plástico, conversaciones. Las proposiciones de los participantes fueron la base de su taller; él, como lo dijo el primer día, era motivador. Yo le agregaría otra palabra: un conductor hacia la esencia del por qué del acto de actuar. Dijo otras cosas.

Sobre los ciclos:

  • Los ciclos son una preparación para la apertura. Ejemplificaba con un pianista. Cuando él toca, no hace ejercicio ante el público, él va directo al tema.
  • No es el training sino la relación, el contacto, la entrega.
  • Nunca mezclen el ciclo físico con el plástico.

Sobre las improvisaciones reflexionaba:

  • Cuando hay una buena improvisación parece que fuera una partitura escrita.
  • Lo importante no es repetir, sino descubrir.
  • Cuando uno canta hay una entrega.

 

Esas palabras, reflexiones, momentos vividos en ese taller con Richard, el encuentro con su presencia (de la que comentaba en una clase a la cual fui invitado por Eduardo Gil a su curso en la escuela de Letras de la UCV)—que daba la impresión de estar frente a un animal, por lo vivo, presente, sensible, un hombre, un ser humano dispuesto a la entrega, un ser hermoso y a la vez de apariencia tosca— dejaron en mí una impresión tan penetrante y grata, que como pedagogo y actor me entrego nuevamente al sentir y pensamiento de un grupo de gente que trabajó profundamente en esa zona de vacío individual, del desconocido, de psiquis, de apertura y la relativa autoconciencia de un ser expresándose en el mundo, en el arte, en el teatro. He dicho nuevamente porque haber conocido a Grotowski y oído su charla en Toronto, Canadá, haber tenido la fortuna de que Teo Spishalsky fuera nuestro pedagogo y que Elizabeth Albahaca haya sido nuestra pedagoga, maestra, guía y directora durante varios años, dejan en mí el mismo sentir y comprensión de su trabajo.

Guillermo Díaz Yuma
20-5-99


Artículo en versión pdf:
EncuentroConRichardCieslak

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