Donde lo humano parece deslastrarse del artificio

Hoja de TET / septiembre 2001.

En el mes de abril el Centro de Creación Artística TET, representado por Jesús, Carlos, Alma, Daniel y Dixon, bajo los auspicios de PRODECOP viajó al estado Delta Amacuro.

Jesús como coordinador realizó el Informe final, el cual hago público a la gente del TET debido a su singular y agradable narración de otro de los viajes del “TEATRO RODANTE”

Guillermo Díaz Yuma


Informe Teatro Rodante del TET en Delta Amacuro

Caracas – mayo – 2001

“Manoa no es un lugar
sino un sentimiento.
A veces en un rostro, un paisaje
una calle su Sol de pronto
resplandece”.

Manoa
Eugenio Montejo

 

Warao: Hombre de Agua

Se nos reveló al fin, cual era el trabajo real del Teatro Rodante, detrás de una pequeña selva en la comunidad de Los Remolinos, después de visitar Arawaimujo y lidiar con unas condiciones ambientales extremas. Adaptarnos, acceder a diferentes puntos de vista era el-salvo-conducto, abrir y extenderse es parte del trabajo de un actor. Carlos Sánchez lo describió muy bien mientras nos preparábamos para salir: “Se trata de un acto de amor”. Tal vez para aquel que no haya visto las caras de quienes nos regalaron su atención, sea un poco difícil de entender.

Mi bitácora abre el relato valiéndose de la intemperie, del silencio inherente al agua, bajo su manto, en la inmediatez de un paisaje infinito: analogía de lo humano.

Aterrizamos en Carúpano y, como quien cambia de asiento, nos embarcamos en un ‘avioncito’. Sentados detrás del piloto, teníamos el cielo frente a nosotros. No hizo falta mucho tiempo para sentirnos cómodos los unos con los otros. Observábamos, escuchábamos, no había ansias de llegar a un sitio específico. Todo recorrido se hacía interesante.

Llegando a Tucupita, nos recibió “El Delta”. Bajo nosotros un millar de afluentes verde-marrón extendían el horizonte. Ya en el pueblo nos apertrechamos de comida, de ‘civilización’. Al día siguiente llegamos al puerto “El Volcán”. Tardamos un rato hasta ubicar al señor Tirso, el lanchero, un warao de historias improvisadas y humor variable, con el río aprendido en los ojos; la ruta curtía su piel.

Varias horas en lancha, con el agua encima también, nos llevaron al primer encuentro. Arawaimujo nos dijo “Yakere” (un saludo); luego la misión: la escuela de unos 250 alumnos aproximadamente, provenientes de comunidades aledañas y otras bastante remotas. Arawaimujo: comunidad indígena criollizada al Sur-Este del Delta con unos 400 habitantes, con casas de bahareque, algunas incluso con antenas de Directv y uno que otro palafito.

Comienzan a surgir preguntas acerca de sus costumbres, tradiciones, ¿comerán casabe, mañoco, tacara, etc.? Manejar mucha información conlleva en sí el peligro de prejuiciarse y ubicarlo a uno en una posición de investigador-observador, lo que nos alejaría de un verdadero ‘intercambio’ cultural y humano, más próximo.

Luego de conocernos y acostumbrarnos los unos a los otros, partiendo de la relación de la cosecha del Moriche y con el consentimiento de los dioses nos presentaron un baile ritual Warao, además de algunas interpretaciones individuales.

Al final de la tarde se presentó “Soñadores”, el trabajo del TET, con una nutrida y feliz concurrencia. En la noche, en lo que llaman ‘la pista de baile’, se presentó un divertimento musical: “El Mono y el Zamuro”, que involucra directamente a los espectadores, y así una pequeña fiesta continuó con canciones propuestas por ellos y por nosotros. Cabe destacar que muchas de sus canciones, aunque tenían letras propias, tomaban melodías de Alí Primera, melodías evangélicas e incluso una con la melodía del Himno Nacional.

Al día siguiente en la escuela, con menos participantes debido a un evento deportivo paralelo, comenzamos nuestra actividad: la música abrió el camino para luego convocar a una ronda en la que una historia Warao acerca del tigre, inició la jornada. Se dividen los grupos y arrancan los talleres; las coordinaciones se establecieron así:

Alma: Taller de Máscaras
Dixon: Taller de Juegos Teatrales
Roraima y Carlos: Taller de Música

En el taller de Alma, con papel, marcadores, colores e ingenio, se lograron hacer unas hermosas máscaras con una técnica muy sencilla y fácil de aprender.

En el taller de Dixon se montó una leyenda de origen Warao de cómo llegó la luz a la Tierra. Sus intérpretes presentaron una excelente disposición, asumían sus personajes con responsabilidad y gozo, sin dejar a un lado la narración en Warao y su respectiva traducción. En cuanto a la lengua Warao la mayoría la entiende, no todos la hablan y muy pocos la escriben.

En el taller de música se logró montar una canción que los niños se aprendieron rápidamente, la misma sirvió para iniciar la obra que el Taller de juegos teatrales armó y que junto a los ruidos que imitaban la naturaleza, y las máscaras de papel, daban forma, se tejían en la obra final.

Partimos para la pista de baile y ya entrada la noche se hizo nuevamente “El Mono y el Zamuro”. Esto atrajo más gente. Comenzaba luego la obra final, resultado de los talleres y la segunda presentación de la obra “Soñadores”, aupada por todos los presentes y que daría inicio a una celebración compartida que se prolongaría hasta la madrugada.

Tres de nosotros pretendían descansar en nuestra casa anfitriona en la parte posterior a la pista, y Dixon y yo en la inutilizada cárcel a un lado de la pista.

El 28 de abril salimos hacia nuestro próximo destino, la comunidad de Los Remolinos ubicada al margen de un río de igual nombre, el río seguía su curso y nosotros en él, ya entonces amanecía. Después de algunas horas de sol y lluvia, sin permiso, llegamos a una orilla con cuatro palafitos (Janucos, en warao) para ese momento Yaja (el sol) ejercía su poder. Katuquete maraisa fueron las primeras palabras que cruzamos con nuestros visitados (Significa ¿Cómo están amigos?).

En esta comunidad viven alrededor de 60 indígenas pertenecientes a 5 familias, de los cuales sólo  6 de ellos hablan castellano, por lo cual todos los signos de comunicación tenían que ser modificados y a veces  traducidos. La comunidad estaba alegre ya que habían cazado un chigüire y estaban quitándole la piel, además de una buena pesca el día anterior. Otro factor que influía en el ánimo de la comunidad era el hecho de ser visitados por “un grupo” de criollos, cosa poco frecuente en Los Remolinos.

Carlos comenzó una dinámica de introducción, que dio paso al taller de máscaras, de donde surgieron diversas posibilidades para el grupo. Hubo que llamar especialmente a las mujeres que permanecían rezagadas mirando de lejitos. Todo esto transcurría mientras los comentarios, preguntas e intercambios acompañaban la experiencia. Se comen frutas  silvestres, se comen los gusanos  de la Palma de Moriche; la yuruma (casabe) se saca de lo que llaman “turitas”, se pasa por un colador para hacer la guapa y al destilar queda la harina del casabe.

Más tarde, Dixon contó una historia cargada de imágenes que debían ser imitadas, al igual que el recorrido dirigido por mí a lo largo del río; en él, todos calzaban sus recién construidas máscaras e imitábamos animales compuestos –el lapa-chigüire, el perro-loro, etc.

Cuando íbamos a prepararnos para hacer “Soñadores”, empezó a llover con fuerza, el río había hablado. Cesó la lluvia y fuimos a cambiarnos, maquillarnos, nada más y nada menos que al mejor de los sitios para convocar la magia del teatro: monte adentro, para que esa confluencia metafísica  que llamamos ‘El duende’ nos tomara; así maquillados unos a otros entre el rocío, finalmente se nos develó la divinidad, la selva y sus caminos condujo nuestros pasos, nuestra expresión, nuestra vida no sería  la misma. ¿Cómo se describe la vastedad del río? ¿Cómo explicar la sensación de salir de entre la selva hacia un pasaje infinito, disfrazados de lo que queremos ser, absortos, invadidos de jebura (el verde)?. Allí frente a nosotros los indígenas, que nunca habían visto una representación teatral, aguardaban en ese silencio que lo dice todo. Al comienzo los niños se asustaron por el maquillaje, los zancos, etc.,  pero al rato frente a los cómicos, estaban los waraos, todas y todos, esos ‘hombres de agua’ que parecen ver mucho más allá de donde el cielo se hace líquido.

Desde la orilla se ven pequeños remolinos en el río, no se fija la mirada en un punto, hay que abrirla para poder ver las toninas, las culebras y todas las presencias que por allí deambulaban.

Al adentrarnos un poco en su estilo de vida, en su día a día, observamos que, paradójicamente, su modo de vida es muy precario en lo que a salubridad, asistencia y posibilidad de todo tipo se refiere; la subsistencia es muy ardua. Y aunque PRODECOP se está encargando de brindarles este invalorable apoyo, modificar algunos aspectos pareciera muy difícil.

Describiéndolo un poco tenemos que viven en palafitos, las cochineras quedan debajo de los mismos, además de los perros, loros, gallinas, patos que permanecen en torno a los palafitos. Esto origina unas condiciones de insalubridad extremas, ya que los desechos están por todas partes, al igual que miles de moscas infecciosas (las que pican a los humanos), esto genera una contaminación de los alimentos, del agua; que junto con lo distante de los centros de salud coloca a la comunidad en una situación muy vulnerable a la propagación de enfermedades y epidemias.

Citamos a Estéban Emilio Mosonyi quien nos enfrenta a esta realidad al expresar que:

Ha existido un afán desmedido por destruir sus idiomas valores, creencias, culturas, materiales y forma de convivencia social y cooperación económica, bajo el pretexto de su pretendido primitivismo y atraso.

Una política indigenista racional debe impulsar al máximo la creatividad sociocultural específica de cada grupo étnico, comenzando por la modificación radical de su sistema educativo, que debe ser rigurosamente intercultural y bilingüe. Es totalmente erróneo e inhumano pretender que la participación de los pueblos indígenas en la vida nacional y su acceso a las instituciones, formas de vida, valores y productos de la sociedad nacional, exijan el aniquilamiento de su nosotros colectivo y de su propia especificidad sociocultural.

De esta manera se puede resumir lo que se ha podido percibir al ver dos comunidades donde se evidencia la destrucción de una cultura mediante la imposición y/o creación de necesidades distintas a las demandadas por sus requerimientos reales.

Apoyo un proyecto que como este otorgue alegrías y muestre otras realidades, pero ante todo pienso que lo principal, a la hora de ayudar, es hacerlo dándole herramientas a las comunidades para que, dentro de su entorno sociocultural, puedan mejorar sin dejar de seguir el curso natural de su proceso como comunidades indígenas, auténticas y con el mismo valor cultural de cualquier sociedad criolla. PRODECOP es un proyecto joven y amerita de un gran esfuerzo y apoyo para seguir concientizando y valorando la gran importancia que tiene el indígena dentro de nuestra sociedad.

Indudablemente, quedaron por siempre esas personas en nuestras mentes, quedamos por siempre en las mentes de esas personas. Fue un regalar recíproco.

Todo comienza… todo termina…  todo deja huellas … y de este viaje quedaron recuerdos de mucho valor y reencuentro, así como de personas que nunca vamos a olvidar, como Tirso, Faustino, Perucho, Manuel, Ana, Hugo, Enzo, Julián, Miguel, Pedro, Mayinbú y “Asalta Cuna”, un malandro Warao.

En nuestra última noche, al caer la tarde, hicimos una fogata frente al Janoco donde dormiríamos la mayoría de nosotros, y en el más intenso de todos los encuentros, cantamos en castellano y en Warao; alrededor del fuego, en la penumbra. “Lo humano” parece deslastrarse del artificio, allí todas y todos, sin diferencias sólo cantamos, fumamos un suave tabaco llamado wina y le cantamos al río nuestras historias comunes, secretos que sólo toman forma en lugares como ése. Llegó el silencio. Y nosotros como crisálidas, envueltos en nuestros mosquiteros, comenzábamos a soñar mientras observábamos la luna rodeada de aros, penetrar aquellas burbujas de blanquísimo tul.

Al regreso, comienza la otra parte de un viaje, traslado hacia el interior. Partir significa dividir, dividirnos, porque siempre nos quedamos en cada lugar que se revela a nosotros, al mismo tiempo que continuamos el trayecto. Ahora en el aire, sólo nuestro reflejo en el agua evidencia el río que fuimos. El Warao nos tomó por sorpresa, nos inundó; conectamos el origen porque: OKOWAROTUNA (nosotros somos Warao).

Recopilación y edición:
Jesús Sosa

Este informe recoge las experiencias de:
Alma Blanco
Roraima Albornoz
Dixon Dacosta
Carlos Sánchez Torrealba
Jesús Sosa.


Artículo en versión pdf:
DondeLoHumanoPareceDeslastrarseDelArtificio

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