Libertad y confianza, igual a creación. Papel I

Hoja de TET / septiembre 2001.

En la ocasión de celebrar el Teatro Altosf su 25 aniversario, organizó un ciclo de foros titulados “DISCURSO Y LIBERTAD EN LOS LENGUAJES DEL ARTE”, al cual fui invitado con el aprecio de siempre. Ante esta invitación respondí con este papel titulado: “LIBERTAD Y CONFIANZA, IGUAL A CREACIÓN”.

Trato de plantear preguntas, afirmaciones y dudas sobre situaciones actuales y pasadas del hombre de teatro en relación a la educación, el arte y el estado.


Desde hace unos 7 años el sector cultural y sobre todo la gente que se avoca a hacer arte, ha sido sometida a un sin número de críticas, ataques y en ocasiones al insulto y desprecio por gente perteneciente al gobierno, a la política, a sectores de  economistas e incluso de personas del mismo sector cultural; algunas de ellas cuando hacen su discurso usan palabras opuestas al criterio neoliberal, pero en el fondo al detallar, responden al mismo discurso del neoliberalismo. Una de las cosas dichas, por no decir la más grosera, es la que “el artista se separó del interés social”.

Con respecto a esto, situándome en la parte de la cultura que hace arte y más específicamente los dedicados al arte en el teatro, me preguntaba:

  1. Es qué cuando se hace una obra de calidad artística, con ella no se hace una síntesis de la vida, poniéndola delante del espectador para que lo confronte y se confronte consigo mismo, reflexione y pueda tomar decisiones más dirigidas al crecer y a la vida.
  2. Es que un artista, un dramaturgo, un puestista no busca decir algo importante, transmitir y comunicar ideas, imágenes, sensaciones ligadas a lo humano, a las necesidades y realidades de nuestra época.
  3. Es que un grupo de personas que realice una obra de arte, que transmita algo importante al público, que los conmueva porque está relacionado con su vida, su psiquis, con su realidad, no cumple una labor en la sociedad: “una labor social”.

Yo creo que sí.

Los que hablan así lo hacen ignorando la vida del hombre de teatro, su historia y su oficio.

Por otra parte, creo que el arte en Venezuela siempre ha estado a la deriva y ha existido porque unos pocos hombres y mujeres sensibles, formados y cultos la han apreciado.  Por un lado, unos apoyándola económicamente, momentáneamente, en alguna área del estado o gobierno, y por el otro lado, los ejecutores del arte insistiendo tenazmente en defender su existencia.

El ejemplo está en la disciplina más completa y grupal como lo es el teatro. Si vemos la historia de nuestro teatro en estos 60 años, destacan los momentos coyunturales en que han surgido la “Compañía Nacional de Teatro” y vuelto a morir, el momento más brillante del “Teatro Universitario T.U”, cuando lo dirigía Nicolás Curiel, algunos momentos del Ateneo de Caracas y “El Nuevo Grupo”; y el otro polo, la gran mayoría, los grupos que se han organizado independientemente, manteniéndose por su propio esfuerzo, sea en proyectos de corta duración o grupos con varios años trabajando. Y si los gobiernos y los pocos entes privados han aportado algo (esto lo digo sin ningún tono de desprecio) ha sido aportando una cantidad ínfima delante de todo el esfuerzo humano, creativo y de voluntad del trabajador cultural porque una obra llegue a su fin.

Cuando uno oye las historias de los hombres que tienen más de 40 o 50 años haciendo teatro, percibe la misma historia y repetida situación de circunstancias al querer que una obra se estrene: Por lo general casi todos tienen otro trabajo, la mayoría no cobra, ponen de sus cosas para la producción y algunos su dinero. Además, por lo general hacen su labor teatral después de una jornada de trabajo en otro lugar que a veces no tiene nada que ver con el teatro.

A pesar de todo, el creador y el trabajador cultural siempre ha estado a la conquista de espacios (entiéndase no solo físicos) con la creencia de que el arte hace crecer al hombre, asumiéndolo como un alimento necesario para el alma del hombre de una nación. Los nuevos institutos de educación teatral y los grupos más reconocidos han surgido por el ímpetu, motivación, estudio y experiencia de una persona o grupo de personas en la conciencia de que las circunstancias tenían que aprovecharlas al máximo para crear, vivir, hacer historia y futuro para nosotros y otros.

Lo que si ha habido son interruptos proyectos culturales, grandes y pequeños de parte de los gobiernos, sin la visión de que el arte en la cultura crea y da las bases de lo que nos identifica y hace reconocernos unos a otros. Y si uno quiere un ejemplo de los más grandes de esta falta de visión, tomemos como ejemplo a la disciplina que proyecta más masivamente a una nación: “El cine”, que siempre ha estado en un eterno empezar.

 

LA CULTURA DEBAJO DE LA EDUCACIÓN

Hoy hay una estructura ministerial donde la cultura está debajo de la educación, y he pensado que la educación ha sido en parte responsable de esta situación, a pesar de haber hecho en muchas áreas las propuestas educativas más novedosas e importantes en toda América.

Como profesor de educación corporal y apoyado por una colega educadora llamada Lora Risco, me he planteado siempre la siguiente ecuación:

La Confianza + La Libertad = La Creatividad

Creo que en Venezuela el ambiente educativo, por estar envuelto en un clima falto de comprensión, escaso de tiempo o presionado por el tiempo, por la necesidad de cumplir un programa y además, presto a la comparación que induce a la competición, evita vivir varias y diferentes experiencias donde el individuo pueda evaluar objetivamente y tranquilamente sus circunstancias, para después poder decidir ante un problema planteado, lo mejor para él mismo y los demás.  Un ambiente así, que evite experiencias, no invita a la confianza. Y si tampoco invita al análisis de la realidad para la toma de conciencia de mis propias circunstancias y a la capacidad de decir lo que se considera acertado y justo para mí y para todos, tampoco se está creando individuos autónomos y libres. En otras palabras, es una educación que por lo general no ejercita el pensamiento por no dar el tiempo suficiente al alumno para explorar, errar, rectificar, insistir y verificar. Sin esta intención de parte de un pedagogo no existe la posibilidad de que en algún momento se llegue a una proposición original. También creo que ha sido una educación que tiende a separar o divorciar el cuerpo del espíritu, lo cognoscitivo y lo corporal, no trabajando al niño o al individuo como una unidad indivisible.

En Venezuela y en América Latina el talento y la inteligencia han sido siempre admirados, pero no preservados como capital principal de un estado. ¿No será por esto que de repente se arremete en contra del trabajador cultural?

Hay una minoría, una excepción, como la de los que han luchado contra la corriente, cosechando grandes frutos. No creo en la creatividad como un don divino dado al hombre, creo que hay artistas venezolanos, entre ellos los grupos de teatro que han superado los 4 y 10 años —como el Altosf, los 25 años— quienes, con constancia, dignidad, creatividad, y a pesar de todo, han podido seguir encontrando en su trabajo el placer.

GUILLERMO DÍAZ YUMA


Artículo en versión pdf:
LibertadYConfianzaIgualACreacion1

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