Hoy voy a develar un secreto. Hoy he decidido revelarlo. La ocasión es propicia…

Discurso a propósito de la entrega del Premio Isaac Chocrón de 2018, año en el que la obra “Acto Cultural” de José Ignacio Cabrujas recibió tres premios:
Mejor Actor: Carlos Sánchez Torrealba
Mejor Autoría Escénica: Guillermo Díaz Yuma
Mejor Producción: Centro de Creación Artística TET


Por Carlos Sánchez Torrealba

Al canto e alla felice memoria de Isaac Chocrón

Hoy voy a develar un secreto. Hoy he decidido revelarlo. La ocasión es propicia…

En la travesía para llegar hasta aquí, con alegría y vigor, tuve la dicha de encontrarme con algunas personas amadas. Hubo en ese trayecto algunas dificultades, pero pude sortearlas. Pude burlar a la máquina de impedir y llegar hasta aquí. Salir casi de la nada, del deseo, hacerme cuerpo y llegar hasta aquí completo, sano, salvo y contento, como lo aprendemos en el teatro. En la travesía pude hallar una serie como de pedruscos, cantos y cantillos, aerolitos, losas y aristas admirables, vetas hermosísimas, piedras preciosas con quienes a lo largo, a lo estrecho, a lo ancho y ajeno, he podido engastar unas cuantas joyas hasta conquistar una fortuna. Hoy quiero decirlo, pues: Soy una persona próspera. Y esa bendición viene dada por esas gemas, esos seres inmensamente generosos, esos Maestros quienes como Isaac Chocrón compartieron con nosotros el pan del conocimiento y la curiosidad intelectual, el vino de la expresión artística y literaria, el goce por el juego de la vida, y el atrevimiento de vivir las emociones humanas a plenitud, a todo pulmón, en el escenario y afuera también.

Tuve la dicha de conocer a Isaac cuando entré a estudiar en mi muy querida Escuelita de Artes de la UCV. Hasta entonces llevaba tiempo sin conocer a una persona que se quisiera tanto a sí misma, asunto que lo hacía interesantemente cautivador y paradigmático ¡Persia le! Isaac nos recibía a los nuevos estudiantes de la escuela con un inolvidable Taller de Expresión Literaria… algo así se llamaba, donde él era el histrión, el animador, el maestro de ceremonia, paseando aquella humanidad de casi dos metros de alto por entre los pasillos del auditorio de humanidades con aquel desparpajo y aquella generosidad de conocimientos compartidos. Aquello era un deleite… ¡qué señor más simpático! Recuerdo que por esos primeros días en la universidad, mi papá me regaló un ejemplar con tres piezas de Isaac editado por Monteávila con una dedicatoria muy alentadora, una invitación a que me destacara como el mejor en eso que había decidido estudiar. Entre las palabras de mi papá, las consejas de mi mamá y maestros como Isaac Chocrón, la vida siguió estando servida para comer con los mejores ingredientes y así hemos venido cocinando hasta hoy, cuando los fogones siguen ardiendo ¡Diosas y Dioses mediante! Después fue nuestro profesor en aquella memorable materia: Shakespeare y el Teatro Isabelino de la que todavía conservo mi cuaderno Caribe y de la que semestres más tarde fui su orgulloso preparador. El teatro norteamericano también fue motivo de oro para tenerlo de maestro. Años más tarde se hizo director de nuestra Escuela de Artes y me recibió con gracia cuando me presenté en su oficina para decirle que llegaba para dictar la cátedra de Sociología del Teatro porque a Don Leonardo Azparren no le querían dejar ir del Teatro Teresa Carreño. Bienvenido al Convento de las Carmelitas, me dijo y extendiéndome la mano, remato: Yo soy la Madre Superiora. Es decir, pues, que tuve el privilegio, ¡la fortuna! de conocer y estar cerca de -nada más y nada menos- uno de los integrantes de la santísima trinidad del teatro venezolano, sitial ganado por (nombramiento del Señor Lorenzo Batallán y, por supuesto, por) esfuerzo propio en su afán de animador de la expresión y promotor del teatro, dramaturgo y novelista, empresario y ensayista, economista y artista volcado al teatro por gracia divina con más de veinte piezas teatrales, más de siete novelas, más de cinco libros de ensayo. Premio Nacional de Teatro en su primera edición, presidente y uno de los fundadores de El Nuevo Grupo a donde tantas veces fuimos para ver buen teatro y para formarnos también como oficiantes del ritual; director fundador de la Compañía Nacional de Teatro en uno de sus momentos de esplendor; director general del Teatro Teresa Carreño; un autor con obras traducidas al inglés, francés, alemán, italiano y hebreo… Por supuesto… Isaac Chocrón fue todo eso y, sobre todo, un Maestro cálido, risueño y bromista, serio y muy serio, nada complaciente y muy regañón contra la mediocridad. Iba a decir que entonces, por supuesto, Isaac se convirtió para muchos de nosotros en un modelo, un tipo ejemplar. Como también lo fueron y siguen siendo José Ignacio y Ugo Ulive, el Maestro Orlando Rodríguez y Juan Carlos Gené, Victoria Di Stéfano y Christian Dimitriades, Eduardo Gil e Iván Feo, Leonardo Azparren o Elda Cerrato, para mencionar sólo a unos cuantos de esos seres de alma generosa, bien plantados, cultores de la excelencia que a los ojos nuestros no tenían saborizantes, ni colorantes artificiales, ni traficaban con la dignidad.

El recorrido por ese trayecto ha sido un tiempo en el que como si lo vivido y compartido tanto con Isaac como con los otros maestros hubiese sido un intenso entrenamiento para convertirnos en atletas del alma y poder sobrellevar ahora -con ternura y coraje, con alegría y vigor- los intensos, ásperos y grises tiempos actuales y vivir, no sobrevivir, vivir a plenitud y seguir tan campantes.

Con tanta fuerza, con tal alegría y vigor, con tan hondo sentido de compromiso que entonces ahora lo que uno ha desarrollado y carga entre pecho y espalda es un telescopio y un microscopio para poder mirar mejor; unos bisturís y unos escalpelos para escudriñar hasta el sentido del tacto; una voz con potencia sonora para seguir provocando, convocando y para seguir cantando, como solista o en coro, las virtudes y los defectos de un tiempo y una circunstancia donde la mediocridad campea y donde el disparate de la infamia y la ineptitud -como si fueran los únicos componentes nuestros, como si fueran los únicos hechos constitutivos- se han convertido en cultura oficial defendida y justificada con la pistola en la mano y matando mientras se pondera la paz ¡Paz, paz, paz!

Tiempos bastante ásperos y grises como los que también les tocó a nuestros amados predecesores. Tiempos ásperos y grises, brumosos, como si estuviéramos en Inglaterra, chico ¡pero estamos es en el trópico!… Razón tuvo José Antonio Pérez Bonalde cuando escribió: ¡Venezuela, tierra de tanta luz y tanto absurdo!

Un absurdo que muerde, que hiede, que agrede, que mata, que abruma y nos mete en el estupor del silencio o, a lo sumo, nos pone a mover (nos) en el subsuelo con gestos y palabras puestas en escena para buscar que  tiemble, en sótanos como este o como aquel nuestro a la sombra de San Pedro ¡Por cierto, los dos sótanos se comunican, es un hecho! Un absurdo que ya rondaba en tiempos de Pérez Bonalde -¡liberal y civilista!- en el lejano mil ochocientos, así como durante los años de vida y desarrollo profesional de nuestro Isaac y de ese importante capítulo del teatro contemporáneo venezolano donde fue uno de sus protagonistas… Absurdo que pareciera constitutivo, parte del constructo cultural del que estamos hechos, que no nos suelta. Al contrario, aprieta cada día más con sus mandíbulas infames. Titán de nuevo siglo comiéndose a sus hijos…

El Nuevo Grupo apareció en la escena nacional después de un sismo. En julio de 1967 (mandaba Leoni) fue el terremoto de Caracas y en septiembre del mismo año, en el Teatro Alberto de Paz y Mateos, el Nuevo Grupo inició sus actividades, presidido por Isaac Chocrón. Cuatro años antes apenas, en 1963, y bajo la dirección de Horacio Peterson se estrena Animales feroces… y dice Sol, uno de sus personajes; dice Isaac por su boca y a propósito del país:

Esto te asfixiará, verás; esto cada día se volverá más pequeño, más solitario. Créeme; bien lo conozco. Esto… esto no es un país. No lo es. Es un clima. Un clima cálido, pegajoso, húmedo, malsano… ¿Te sorprendo? Lo que te digo es cierto. Esto no es un país. Esto es un clima. Por eso, pocos seres humanos sobreviven. A la mayoría nos entierran vivos o nos empujan al suicidio.

Los poetas de la escena, los dramaturgos -y también los artistas- advierten, anuncian, predicen… Llegan a hablar en nombre del país, en nombre de los seres humanos de esta y de otras geografías más lejanas. Es el caso de Isaac también ¡Qué vigencia! ¿Verdad? ¡Qué manera de mirar hacia delante! El país fue pasión para Isaac y coincido con Alicia Freilich cuando escribió que nuestro Maestro Isaac Chocrón fue profeta en su tierra. No en vano lo estamos recordando hoy y le seguiremos conmemorando como lo hace la fundación que lleva su nombre. Aquí seguiremos: zurra y más zurra contra el analfabetismo, la desazón, la brutalidad, la ineptitud, la burocracia, la antropofagia y la coprofagia, el quiebre y la muerte violenta. Como dicen los españoles: zurra y más zurra, hasta que la vara se quiebre o caiga la burra.

 En un foro con Miyó Vestrini, comentó Isaac: Vivir en Venezuela es un reto. Un reto tan fenomenal que por eso vivo aquí… Uno vive rodeado de una naturaleza increíblemente bella, vive viendo posibilidades que casi se palpan, que podrían convertirse en realidades y sin embargo, asistimos a una letargia colectiva y a una simplificación alarmante de valores. Este es el país donde se vende y se compra. Un gran mercado. Un mercado libre perenne. La felicidad en Venezuela es vender al máximo y comprar al máximo… Pienso que Venezuela se está volviendo cada vez más en eso: un clima. Y por cierto un clima bastante malsano. Pero es como una enfermedad, como un cáncer y no te lo puedes quitar de encima. Queda la ilusa esperanza de que a través de las obras de uno, sino en estos momentos, más adelante, algo se dirá. Sus palabras son de 1969. Y aquí estamos, diciendo y haciendo sobre el escenario y afuera también.

En años recientes conocí al músico argentino Giora Feidman, el clarinete que canta…. Y con él, la música que hace: música klezmer que es como los judíos llaman a su música exquisita… el equivalente del kosher en la cocina es el klezmer en la música… Hoy por hoy Isaac y su legado sigue resonando en mí como esa música, como un recuerdo que canta… y mi corazón se alegra.

Con esa música, termino reiterando que nos toca seguir su ejemplo y el de quienes junto a él nos han precedido en Venezuela en este arte de birlibirloque, recordando en medio de esta parafernalia nacional al poeta Rafael Cadenas cuando dice que nuestra tarea es ser contraste.


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HoyVoyARevelarUnSecretoCarlosSanchezTorrealba

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