Decálogo para la ciudad ideal (segunda parte)

A los hacedores de ciudad, de esta ciudad, nuestra ciudad de Caracas:

  1. Amarás al cerro El Avila y al edificio Humboldt por sobre todas las cosas del valle, como piezas únicas que son y que vuelven inconfundible a Caracas.
  2. Armarás ciudad a partir del zurcido de la urdimbre del valle, respetando sus diferencias y promulgando el diálogo entre los distintos tejidos urbanos: el tradicional, el moderno, el informal como partes como partes de un todo diverso y rico en posibilidades.
  3. Santificarás, como si fuesen lugares de culto aquellos que merezcan permanecer como herencia para generaciones posteriores: La Ciudad Universitaria, el Parque del Este, El Silencio y las Torres, el Country Club con sus campos de golf, el hotel Tamanaco, la cubierta circular del Club Táchira, la estatuaria de Narváez y Maragall, el Parque Los Caobos y los Museos, la Cota Mil, el Paseo Los Próceres, los árboles de El Paraíso y el Jardín Botánico.
  4. Honrarás al paisaje y al patrimonio construido, por más reciente que este sea, con un poco de memoria, evitando el resplandor, con un poco de trópico, sombra y tamiz.
  5. No matarás la posibilidad de la existencia de los espacios públicos o abiertos, aún cuando estos se hayan marginalizado y ya no parezcan merecer el mismo tratamiento que en un principio tuvieron.
  6. No caerás ante la tentación de la carne y obviarás los centros comerciales.
  7. No mentirás haciéndonos creer que Caracas es un trozo de otro país y serás auténtico al tratar de entenderla, tal cual es.
  8. No jurarás en vano que: como Caracas no hay ninguna.
  9. No codiciarás el bienestar urbano de otra ciudad, sino te comprometerás a transformarla, tramarla de redes de luminarias, de pavimentos que conecten desde el cortafuegos del cerro hasta el centro de la ciudad: de lugares para ser y estar.
  10. Rescatarás la presencia del río Guaire como escenario paisajístico natural, componente palpitante de una tríada vital de nuestra moderna ciudad río-metro-autopista, que corta y vincula longitudinalmente el valle.

María Isabel Peña
Arquitecto-Diseñador Urbano


  1. Por escapar de la preceptiva usual de urbanistas y arquitectos, estas diez ciudades bosquejan un decálogo heteróclito de las Caracas entrevistas por ensayistas y novelistas venezolanos de este siglo, cuyas perspectivas humanísticas les han permitido divisar facetas urbanas a veces inalcanzables para los especialistas. Tales Caracas resultan del reporte ensayístico de algunos momentos por los que ha atravesado la capital del país que se ha tornado petrolero, metropolitano subdesarrollado, así como la influencia que creo la ciudad ha tenido en los personajes y el ambiente de algunas novelas que he leído. Reconozco haberme ocultado en algunas de esas ciudades, para desde ellas y sus personajes vocear mi propia crítica a la Caracas que ha extraviado la civilización, la modernidad y el desarrollo.
  2. La Caracas que se creyó el “París de un piso”, según la impresión que había producido en el americano Curtis , después de la europeizada renovación guzmancista. Fue la espuria Villabrava que satirizó Pardo, y cuya mezquindad llevó al exilio a Alberto Soria. A pesar de los primeros de El Cojo Ilustrado y la Bella Epoca, de su falsa modernidad escaparon los hiperestéticos personajes del modernismo, e incluso algunos del costumbrismo.
  3. La “capital del desengaño” que conocieron Picón Salas, Ramos Sucre y otros intelectuales a su llegada de provincia. Suerte de cabecera de latifundio en la geografía literaria de Gallegos – como bien apuntó Orlando Araujo– la asfixiante Caracas de Gómez desalojó y aniquiló las inquietudes intelectuales de Reinaldo Solar. Tomó más de tres décadas reportar sus formas de opresión en los ámbitos de lo privado, lo intermedio y lo público en al menos tres novelas: Puros hombres, El rastro de los dioses y Fiebre.
  4. Por ser a la vez el hoy de los pueblerinos y el ayer de los cosmopolitas, el tráfico de esa misma capital mercantil deslumbró a Victoria Guanipa, pero su chatura desencantó a María Eugenia Alonso. A pesar de la incipiente americanización que penetraba con las concesiones petroleras y los Años Locos, en ella todavía los personajes se lamentaban de vivir en “el arrabal de la cultura europea”, como señaló Uslar a propósito de la Teresa de La Parra de
  5. La “feria de vana alegría” que resultó de la revolución petrolera. A ella había viajado ya Alfonso Ribera desde 1918, pero fue en el babelismo de los clubes, urbanizaciones y rascacielos por venir donde Briceño Iragorry resintió más la falta de tradición. Picón y Uslar le reclamaron en ensayos y novelas su olvido de la otra Venezuela rural. Entre los cronistas, Enrique Bernando Núñez y Guillermo Meneses supieron advertir ese momento como el fin de la era pre-metropolitana.
  6. La metrópoli de los pequeños seres venidos de las cosas muertas de provincia, nuevos Juan Bimbas que terminaron atrapados en las céntricas y deterioradas parroquias, o en las incipientes barriadas de la metrópoli en expansión. A pesar de sus pasados provincianos, en ella se iniciaron a la urbanizaron, la segregación y la rutina los personajes de Meneses y
  7. La capital de violencia política y segregación espacial y social que Andrés Barazarte atravesó en su odisea caraqueña, con todo su atavismo provinciano por redimir. Por su estructura policéntrica, su tráfico y su contaminación, resultaba hostil al inmigrante, y terminó siendo la personificación de una enemistad, como en la poética de Calzadilla. Su voraz crecimiento se dejó sentir en algunos poemas de Eugenio Montejo, y en la crónica de Elisa Lerner.
  8. La Caracas “del este”, con la novelería de sus urbanizaciones, autopistas y centros comerciales. De ella emergió un yo urbano autóctono, sin pasado rural, que comenzó a recorrerla con desenfado desde la Piedra de mar de Massiani, sin preocuparse más por visitar un centro histórico que había perdido sus valores referenciales. No obstante los sobresaltos políticos de sus andanzas, es también la ciudad que atraviesan los personajes juveniles de Antonieta Madrid y Carlos Moguera.
  9. La “anticiudad” denunciada por Uslar en varios de sus últimos “Pizarrones”, capital de la “ranchización” e “incivilidad” que la distancian de la cultura definida por filósofos de la historia urbana: Spengler, Toyrbee, Munford. Es el mundo marginal de Los Habitantes de Garmendia y de los Cerrícolas de Infante. Sin embargo, su mitología literaria está acaso por actualizarse, para complementar el dilatado inventario elaborado por las ciencias sociales en las últimas décadas.
  10. La ciudad que evalúa su modernidad secular, alertada por los nuevos cronistas provenientes de la arquitectura y el urbanismo. Después del furor del funcionalismo en la Venezuela saudita, esa Caracas posterior al Metro ha revalorizado la relación con el espacio público, la centralidad, la diversidad y otros temas del urbanismo postmoderno. Sus novelas están aún apareciendo, pero su arqueología metropolitana ha sido prefigurada ya por los múltiples voces femeninas de Ana Teresa Torres.

 

Arturo Almandoz


 

Creo en Caracas, una y múltiple, misteriosa, incompleta, retadora; acertijo de un pro de un proyecto que aún nos convoca y aguarda.

Ciudad de tramas.

Veinticinco cuadras, centro del mundo, voluntad con alma de infinito. La geometría alterna de las quebradas graba en el mapa la vitalidad del agua.

De punta a punta, el río, luego el camino, el tranvía, la autopista. Y siempre, al norte, la montaña; delineada por el resplandor del Caribe y magreada por el sol del sur.

Entrecruzando naturaleza e historia, estructura y delimitación, la trama creció, buscó el este por el camino Real y el mar por Catia, reinventándose en El Paraíso, San Bernardino o Altamira.

Torrentes, trazas y perspectivas que revelan la ciudad en los sistemas que la traman: avenidas que acotan la geografía y calles que, buscando la plaza, estallan en acacias floridas y siluetas edificadas.

Pobres quienes, confundiendo ciudad con redes de infraestructura, enredaron las tramas y vaciaron su sentido anegándolas de flechados.

Ciudad de Enclaves

Entre fragmentos topográficos y edificados habita la geografía de Caracas, unidad diversa de modos y acciones. El miope sólo ve caos en este caleidoscopio; el perspicaz descubre y celebra una ciudad capaz de reinventarse mientras teje su forma.

Sobre lomas, hoyas, abras y remansos, la voluntad dispuso tramas, plazas, puentes y solares, y sobre ellos los colores de La Pastora, las atalayas de Altavista, el extravío bucólico del Country, el olor a ajo de La Candelaria, la resguardada legibilidad de Petare.

Cada enclave – memoria y deseo de esta efervescencia urbana- arma y sueña ciudades en la ciudad.

Pobres quienes, pretendiendo una unidad ficticia, no encuentran cómo amar el dialéctico equilibrio de esta polifonía de enclaves.

Ciudad de Encuentros

En esta cuenca contenida, la ciudad formula un territorio de encuentros: ejes que articulan esquinas con anécdotas, nombres evocando presencias deseadas, vecindarios alrededor de plazas, interconexión de centros como capítulos de una ciudad siempre en proceso.

Habitamos esta cartografía de espacios y formas diaria realización de lo que vamos siendo.

El mundo expansivo de la Roca Tarpeya, el esplendoroso escorzo desde Coche, el horizonte en contraluz desde la Urbina, la algarabía metropolitana de Sabana Grande, las palomas irreverentes de la Plaza Bolívar, los olores coloridos de Quinta Crespo, el dinámico fluir del Centro Simón Bolívar o el bullicio de Chacao: tramas de enclaves para el encuentro, abiertos a la mirada atenta y el ánimo dispuesto.

Pobres quienes, temiendo la sorpresa del hallazgo, huyen del encuentro en condones con vidrios ahumados hacia la soledad de su garita, ignorando en la sonrisa del vecino el reflejo de la cara propia.

Ave, Caracas, hija de El Avila, bendita te hagamos entre todas las ciudades y bendito sea el fruto de tu vida: la nuestra.

 

Enrique Larrazaña
Arquitecto


La forma física normal y general de agrupación del hombre es la ciudad, por lo que es necesario revalorizar el derecho humano a la ciudad.

Lo más importante de la ciudad es la valorización de la vida urbana; es decir, el derecho a que la vida en la ciudad sea grata al hombre, y no un castigo.

  • Para hacer de la ciudad un lugar físico para la vida, el diseño urbano y la distribución de usos del suelo debe hacerse en función de la vida urbana.
  • La ocupación del territorio en las ciudades, en consecuencia, necesariamente tiene que ser ordenada, para que toda el área de la ciudad sea apta para la vida urbana.
  • Incluso, en las ciudades en crecimiento, la ocupación inevitablemente espontánea de áreas marginales tiene que ordenarse, para organizar la vida urbana.
  • Es necesario, por tanto, revalorizar el planeamiento urbano, pero no mediante la artificial delimitación de usos diferenciados del suelo, sino buscando la atribución de multiusos al suelo para que la ciudad sea grata al hombre.
  • No puede asegurarse la vida urbana con mezcla de usos del suelo, sin una autoridad que ordene el crecimiento y desarrollo de la ciudad.
  • La ciudad, como el Estado, requiere de un gobierno que la conduzca, pero en forma diferenciada, adaptado según la dimensión y población de la misma, se trate de grandes o de pequeños centros poblados.
  • La organización del gobierno local, sea metropolitano, municipal o parroquial, tiene que responder a los principios de la democracia representativa y participativa, acercándose el poder al ciudadano.
  • La ciudad, como centro de vida del hombre, le pertenece a éste, por lo que tiene que participar en su conducción, para lo cual tiene que estructurarse un gobierno escalonado de manera que en el más bajo nivel el vecino pueda participar en las decisiones que le conciernen.

Allan R. Brewer Carías


Ejercicio. Tema: diez recomendaciones-condiciones para que, aplicándolas, la ciudad se torne la ciudad ideal.

¿Cuál ciudad? ¿Ideal para quién?

Nada más planteadas las dos preguntas y ya se tiene el marco de las posibles respuestas y el evidente, inevitable relativismo.

Esta ciudad – no Boston, no Cumaná, no Buenos Aires, no cualquier otra. Esta. Caracas.

Y, además, ideal para mi: esto es, una vida, una experiencia, una cultura, un tiempo.

Admitamos que el ejercicio tenga un valor promedio.

Quisiera entonces una ciudad verde, amable, segura, culta.

Que no sea imitación de ninguna otra y esté muy segura de su originalidad americana y tropical: Hecha por unos cuantos buenos arquitectos (disponibles), por unos pocos muy buenos arquitectos (deseables) y por muchos mediocres (inevitables) pero modestos. Y habitada por habitantes democráticos, tolerantes, alegres, bastante por encima del nivel mínimo de supervivencia, todos con trabajo por hacer y con cosas interesantes por inventar.

Me doy cuenta, entonces, que serían indispensables dos cosas: habitantes que atienden a la vida no como una tarea ni como un castigo, ni como una imitación, y constructores (arquitectos, ingenieros, inversionistas, banqueros, comerciantes y políticos) que saben que una ciudad es un amparo, es un respiro, es una felicidad, y no simplemente un negocio. Porque es de todos.

Caracas sería entonces distinta.

Sería la ciudad ideal. De habitantes ideales. De una sociedad utópica. (Tal vez recuerden a Ruskin y su “News from Nowhere”)

Para ello no hay decálogo posible. Tan sólo el arduo trabajo de la política, el largo camino de la civilización

Juan Pedro Posan
Arquitecto


Artículo en versión pdf:
DecalogoParaLaCiudadIdeal

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