No quedan muchos lugares en este mundo

No quedan muchos lugares en este mundo, cuyas raíces llegaron a tocar importantes y cruciales experiencias teatrales de los años 60 y 70 del siglo pasado. Esas manifestaciones teatrales de aquellos años, tales como la búsqueda y las realizaciones del teatro de Grotowski, del Living Theater, Brook, Barba, introdujeron en el teatro, con sus diversidades, una gran implicación en el desarrollo del oficio y de la metodología en el trabajo, y en la importante y responsable función del actor, siendo este, el central creador del acto teatral, y no el obediente ejecutor. Uno de esos lugares que saca de esas fuentes, para su inspiración y al mismo tiempo sin esclerosar esa inspiración, pero manteniéndose viva y joven a través de su larga evolución, es el TET de Caracas.

El TET en sus comienzos, como sucede y sucedió con otros grupos, siguió con frecuencia las trazas de su fascinación, pero rápidamente consiguió su propio y autentico camino, fecundado por buenos modelos, tanto en la escogencia del material teatral, como en el modo del trabajo, sin embargo, con el inconveniente de difíciles condiciones económicas, viviendo en su sociedad, y no en círculos artísticos como sucedía a menudo en el sistema europeo. Se diseña como experimentador, pero ello evolucionaba; la experimentación y la búsqueda lo convierten, rápidamente, en sólido y seguro grupo creativo.

Nosotros en Europa del Este, nuestra generación, vivimos con el mito de la América Latina, principalmente por intermedio de su literatura, que existía traducida en mucha cantidad y la cual leíamos afiebradamente y con gran admiración, e incluso con envidia: García Márquez, Borges, Sábato, Vargas Llosa, Rulfo, Uslar Pietri, Onetti, Lezama Lima, Cortázar y otros más.

Me encontré por primera vez con el fundador del TET, Eduardo Gil, en Polonia en el 78; Eduardo y después el grupo, estuvieron seriamente interesados en las actividades del Teatro Laboratorio de Grotowski. Llegué a Caracas desde Polonia, llegué entonces también de ese país donde, en ese momento, de los años 80-81, luchaba por liberarse de un sistema político-social trastornado, estúpido, que sin sentido se llamaba sistema socialista. Observaba de lejos, lo que ahora se llama en Polonia el Carnaval de Solidarnosc (Solidaridad), y al mismo tiempo me dirigía a la pequeña sala del TET en una calle de Los Chaguaramos, para hacer ejercicios y estudios de interpretación, con gente joven de la ciudad, los cuales eran una experiencia para mí. Dos elementos: el alejamiento del propio país y el acercamiento a otra gente y país de América del Sur fue, de cierto modo, mágico. Para ese momento y después de 15 años en el teatro en Polonia, gracias también a la actividad con sus miembros: Eduardo, Pancho, Yuma, Marco, para trabajar principalmente en diferentes motivos sobre Fausto, en Goethe, Mann, etc, tengo que agradecer la oportunidad y el desafío que me dieron, en la nueva situación que se presentaba para mí, lo que fue también, renovación y aprendizaje.

Varios años después me encuentro con Marco, Yuma, Newton, Humberto, María Fernanda, Carlos Sánchez Torrealba, Haydée Faverola, Alma Blanco y otros más, para trabajar sobre Demonios, de Dostojewki, en la puesta en escena de Elizabeth Albahaca.

Los actores del TET, ya maduros y serios, trabajaban con un material literario difícil, y tal vez un poco lejano desde un punto de vista cultural, aunque universal y siempre actual en la realidad política. Porque Dostojewski fue y es con Demonios, profético. También, y de un modo particular en América Latina. Y estos actores del TET, en el trabajo bajo la dirección de Elizabeth Albahaca, con la ayuda de mi parte durante tres semanas, en el otoño del 94, con gran implicación y una seria y madura creatividad, se midieron en ese demoníaco ritual Dostojeswkiano, y sintieron bien que el teatro, en su primordial naturaleza, no es solamente divertimiento, al contrario, es mucho más fuerte su existencia, que en el divertimiento. Esto es difícil de aceptar y para esto es necesario coraje. Conocer de cerca, directamente en el trabajo, el ímpetu de estas personas, independiente de sus individuales talentos en la actuación, queda fuertemente en la memoria.

Y ahora el TET, gracias a su tenacidad, a una lucha a veces en buenas y a veces en duras condiciones, en gran parte gracias a la colaboración de Elizabeth Albahaca, sigue siendo vital, y a pesar de que es frágil, pequeño, es un importante punto en el mapa teatral de nuestra época. No hay muchos lugares teatrales, repito, cuyas raíces tocan sabias tradiciones, en el ahondar y profundizar del oficio.

Hoy los miembros del TET trabajan también con la gente del país. Lo que saben, lo dan a los otros, así no guardan su saber hacer para sí mismos en una sala cerrada. Son, en alguna manera, centinelas de la continuidad. Sin falsa modernidad, cultivan su desobediencia a todo facticio y una fidelidad a sí mismos. Eso es permanente en el Taller Experimental de Teatro de Caracas.

Teo Spychalski.
Director, actor, condiscípulo y asistente de Jerzy Grotowsky.
Director de Le Groupe de la Veillée
Montreal. Canada


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