Ligero como el ave y no como la pluma

El amor es difícil, dijo Rilke, y cuando el tiempo le da la razón al poeta, descubro que el teatro ha sido para mí la gran escuela del amor, por lo tanto, de lo difícil. Los maestros del teatro son los más inolvidables, el legado, la pasión y el respeto por el oficio que nos han entregado es invaluable.

Recuerdo un día, en un set de grabación de un cortometraje, el director de casting observaba cómo construía una partitura sencilla de movimientos con los elementos del escritorio en el que estaría sentada, se me acercó y me dijo, sorprendido: “¿Tú llegaste a ver clases con Enrique Porte?, porque parece”. Para ese momento -era más ignorante que ahora-, no conocía del Maestro, ni del Taller del Actor, ese día llegué con hambre de conocer su historia y lo investigué, hasta conseguí en la prensa los nombres de algunos de sus discípulos. No tuve el honor de ser alumna directa de él, pero puedo decir que su legado fue tan importante que algunas chispas me llegaron por este lado, así como llegó también la palabra luminosa de Eduardo Gil, Horacio Peterson, Juan Carlos Genet, José Ignacio Cabrujas, Isaac Chocrón, Elizabeth Albahaca y Teo Spichalsky; también Tapa Sudana, Adriana Rojas, Felicia Canetti, Verónica Odott, Orlando Arocha y los más cercanos para mí, a quienes les agradezco tanto: Yuma, Nanda, Santiago Sánchez, Humberto Ortíz, Diana Peñalver, Carlos Sánchez Torrealba, Diana Volpe, Matilda Corral, Lupe Gehrenbeck, Nicolás Curiel. Gracias a ellos el mundo y en especial nuestro país es mucho mejor.

A través del tiempo, las iniciativas que se convirtieron en instituciones, los espacios que han sido y, en algunos casos, siguen siendo escuela, han hecho posible que hoy día se piense en la consolidación de un oficio y de una ética en la profesionalización teatral, con todas las dificultades que podamos imaginar. Bien se ha dicho que el teatro agrega a la sociedad un valor, un conjunto de valores, aunque no sea para una mayoría masiva y populosa sino por el contrario, a unos cuantos que se acercan porque quieren entretenerse o quizás porque sienten una profunda necesidad de descubrir algo, a lo mejor se trata de una pregunta cuya respuesta nos permita entender mejor nuestro tiempo o quieren simplemente cuestionarse sobre la vida, el amor, las relaciones, el país, el mundo. O, instintivamente, buscan un espejo que les muestre eso que no ven o que no quieren ver de sí mismos. En el silencio, expectantes, a la espera de un roce -en estos espacios sagrados que permiten el hacer teatral- hemos tenido la posibilidad de atravesar una experiencia en la que aparece lo otro, lo que no estaba previsto, lo que no existía previamente: el fuego de lo vivo.

Hoy, a pesar de todas las circunstancias de estos tiempos, sigue siendo el teatro un lugar, una pasión y una razón que nos permite el encuentro, en esta sala virtual -bendito siglo XXI- y entre amigos, colegas, familiares, nos vemos hoy para celebrar con goce al teatro y a su gente del futuro y del presente. Precisamente en esta época en la que nos ha tocado despedir a seres amados, resguardarnos en casa y cerrar las puertas de los teatros, hoy más que nunca, hemos de agradecer la vida y revalorar el encuentro con el otro, la interacción. Me encantaría que alguien aquí me dijera: Sí Jari, aquí estamos, desde este otro lado de la pantalla y nos acompañamos. Porque, ciertamente, a veces esta plataforma nos hace sentir distantes, fríos, y toda nuestra esperanza radica en que no nos acostumbremos sólo a estos encuentros, que sigamos apostando por el encuentro en vivo para darle fuego a esas mágicas palabras “Aquí y ahora” y continuar con la fiesta, seguir, persistir.

De allí el valor del proyecto Rostros del futuro, como se llama esta hermosa colección de reconocimientos, un trabajo que contemplo con admiración. Y no quiero hablar en plural de un “nosotros” porque, precisamente, lo maravilloso de esta colección es la singularidad de cada una y de cada uno de los entrevistados. Hoy tengo la palabra aquí, pero sé que cada quien podría decir otras tantas cosas necesarias y valiosas. Ya quiero leer cada entrevista para apreciar con hondura cómo han llegado a ser lo que hoy son, a hacer lo que hoy hacen y poder sentirlos un poco más cerca y continuar admirándoles menos platónicamente. Porque sí, son heroínas y héroes de la escena teatral. Lo somos. Rostros encendidos por el fuego y la pasión por el teatro, gente muy trabajadora que generosamente ha puesto el alma en los escenarios para mostrar poéticamente nuestra condición humana. ¡Qué belleza este oficio y qué orgullo pertenecer a esta generación de hacedoras y hacedores teatrales!

Ahora estamos en un libro de esta colección “Nuevo país del Teatro” y eso, además de la alegría de estar junto a otros intérpretes y creadores admirados, nos exige nuevamente el compromiso que asumimos el día que decidimos tomar en serio este oficio, “el teatro como una filosofía de vida”, así dice Yuma. Un compromiso que tiene la levedad del pájaro: recuerdo esa imagen en un texto de Italo Calvino donde cita a Paúl Válery: “Hay que ser ligero como el ave y no como la pluma”. Él asocia la levedad con la precisión y la determinación, y lo separa de la vaguedad y el abandonarse al azar. El pájaro en su liviandad se eleva, a simple vista no sabemos adónde se dirige, pero vuela con determinación. 

Sobre esta imagen de ser pájaro me gustaría, para finalizar, compartir unas palabras de Jerzy Grotowski, para que nos quede allí como un susurro en el oído, en estos tiempos y para los que vendrán. Aparece en El arte como vehículo. Dice:

 “Puede leerse en los textos antiguos: Nosotros somos dos, el pájaro que picotea y el pájaro que mira. Uno morirá, uno vivirá. Ebrios por existir en el tiempo, ocupados en picotear, olvidamos hacer vivir a esa parte nuestra que mira. Por lo tanto, corremos el peligro de vivir sólo en el tiempo, y de  ninguna manera fuera del tiempo. Sentirse mirados por esa otra parte nuestra, esa que está como fuera del tiempo, nos da la otra dimensión. (…) no es, dentro de ti, ni la mirada de los otros, ni un juicio: es como una mirada inmóvil, una presencia silenciosa, como el sol que alumbra a las cosas y basta. El proceso puede llevarse a cabo solo en el contexto de esa presencia inmóvil.”

Seamos ave, seamos pájaro.

Muchas gracias.

Jariana Armas
Noviembre, 2020

Descarga el libro “Nuevo país del teatro” en el siguiente link
https://banesco-prod-2020.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/nuevo-pais-del-teatro.pdf

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