Sobre las voces de las actrices

Reflexión en torno al Podcast “Esto no es un voicenote
Episodio 1, Actrices en Voz Alta.


Alguna vez Yuma nos dijo que ser actor y hacer teatro no era lo mismo. También dijo que el amor sin compromiso es sólo una pose, decir que amas el teatro, pero no aprenderse el texto, ser impuntual, etcétera, es básicamente un amor a decir que eres actor, no al hecho de serlo. Esto es algo que me ha inquietado muchísimo en todos los aspectos de mi vida; decir que amas algo o a alguien es un compromiso con la palabra, y ser consecuente con lo que haces no siempre es fácil. Si lo digo, debo creerlo y crearlo. Sería más fácil callar. Sería más fácil ser otra cosa también, pero no logro abandonar un amor que me supera. Creo que este episodio, y seguramente todo el podcast, tiene que ver con eso. Encontré un amor que me aterra y no quiero soltarlo, quiero cuidarlo y para eso debo asumir el reto de crear un espacio seguro para desarrollarlo. 

Por mucho tiempo, ante estas dudas, me he sentido sola, pero luego de escuchar a otras actrices expresarse, luego de abrirme y tomarme el atrevimiento de preguntar, me he dado cuenta de que no es así. Tengo la fortuna de saberme acompañada, con las voces de otras actrices que cuentan sus experiencias. Recuerdo que algunas me preguntaron si debían mandarme lo que iban a decir por escrito primero, pero honestamente confiaba en sus historias, quería conocerlas y dejarme llevar por ellas. Así fue y lo más increíble es que cada una, sin saber lo que diría la otra, fue tejiendo un hilo que serviría de cuerda floja para sostener una declaración de reconocimiento y amor.

La primera voz acompañante es la de Jariana Armas, actriz, docente, productora, espectadora…

“He pasado por momentos de mi vida en los que me he sentido con una gran necesidad de hacer y eso me ha hecho pasar, por ejemplo, por la experiencia de ser asistente de dirección (durante mis estudios en la UCV lo fui muchas veces)… porque lo que quería era acercarme, aproximarme a esto que además sentía que había pasado gran parte de mi niñez y de mi adolescencia sin poder tener contacto con esto, con lo que es el teatro, con lo que hace el teatro en la gente, en la gente que lo hace, en la gente que lo ve. Es una fascinación lo que me atrapó, lo que me llevó a ese lugar.”

Las palabras de Jariana me recuerdan que esa fascinación por el hacer es el mejor punto de partida que un actor de teatro puede tener. Entonces, esa sentencia que antes me parecía tan terrible, eso de que “no todo el que hace teatro es actor” se me hace más amable, incluso inspirador, pero sobre todo me confronta con una verdad muy íntima: ¿Yo quiero actuar o quiero hacer teatro? Porque muchas veces me he encontrado fascinada por el hacer, por el corre corre detrás de escena ayudando a otro a vestirse, por la escritura de algo que podría ser una obra, y así también por tantas otras formas que me acercan a lo que amo. 

La voz de Stephanie Cardone-Fulop, dice en voz alta varias cosas que he sentido y no sabía articular.

“A todas estas siempre me veía como “la-estudiante-de” y no como una actriz. Luego pasan los años, tuve la oportunidad de trabajar en televisión y ahí también me sentía una aprendiz. La verdad es que la pasé horrible porque bueno, es otro código completamente diferente al teatro y era bastante rock and roll. Había gente muy buena y chévere, pero también había como otro séquito de gente que se ve más como productos que como artistas y ahí llegó mi momento de dolor porque no entendía el tema de venderme, que era más importante el ser guapo y estar bien que realmente saber actuar.” 

Algo que me sorprendió muchísimo mientras recibía e hilaba los voicenotes de mis compañeras era la manera en que, desde experiencias y trayectorias distintas, tenemos tanto en común y no lo sabíamos. Nunca he hecho televisión, sin embargo, sí he escuchado a directores de casting decir que una actriz debe saber venderse, tener sus redes sociales curadas y perfectas para dar la imagen ideal, esto quiere decir que no podemos postear árboles y fachadas de edificios, sino fotos donde nos veamos bien o un archivo estilo portafolio del trabajo previo. Saber venderse, esa es una gran preocupación, a veces más fuerte que saber actuar bien. Es duro sentir que puedes ser una actriz que no actúa tan bien, siempre que sepas venderte, pero lo contrario es un reto enorme. ¿Qué tan buena tienes que ser para poder ser actriz si no te ves bien? Bien para los directores de casting, claro, ese es un criterio, aparentemente. 

Lya Bonilla, una actriz que considero mágica e inolvidable para mí, continúa esta declaración vocacional-existencial diciendo: 

“Me ha costado mucho decir soy actriz. Yo nunca me plantee ser actriz, de hecho, en el primer taller de teatro que hice con el GA80 recuerdo que nos pusieron en círculo y cada uno iba presentándose y explicando por qué se había inscrito y yo dije que yo no quería ser actriz y me miraron muy raro como diciendo “bueno ¿y ella qué hace aquí si no quiere ser actriz y está en un taller de actuación?” (…) El teatro ha sido por un largo tiempo un canal, una manera de expresarme y la vida me ha puesto en los lugares en que eso se puede desarrollar. A mí me gusta una parte de la película “Violeta se fue a los cielos” (sobre la vida de Violeta Parra) en la que un periodista le pregunta a ella Si tuviera que escoger entre una de las manifestaciones artísticas, la poesía, la música, la plástica, qué escogería… y ella dice: Yo me quedaría con la gente. Yo estoy de acuerdo. Yo creo que yo también me quedaría con la gente. Y a la gente le entrego lo que tengo.” 

Imposible no estar de acuerdo con Lya, con Violeta y con todas las intérpretes que alzan sus voces usando una u otra expresión artística. 

Cuando hice este episodio, sinceramente, tuve que grabarlo tres veces porque iba cambiando de parecer en el proceso. Finalmente concluí que sí, soy actriz, pero mi deseo real no es sólo actoral, es expresivo. Entonces, vuelvo a las palabras de Jariana, a ese punto de partida en la fascinación del hacer, paso por las palabras de Stephanie y su deseo de ser buena actriz, más que verse bien o ser aprendiz, hasta Lya que me recuerda todas las veces que me aterró ver personas en círculo presentándose porque ya sabía que me iban a ver raro cuando vieran mi cara de vergüenza y duda al decir que era actriz o que quería serlo. La verdad es que yo quiero contar historias y eso lo he encontrado actuando, pero también he logrado sentirlo en otros ámbitos de la creación. 

Saber que somos muchas pasando por lo mismo, pero también que podemos acercarnos desde las distancias geográficas y encontrarnos en las diferencias, me da esperanza y fuerza en mi vocación. 

El capítulo cierra con la voz de Bella Aboulafia y su lectura dramatizada del monólogo de Nina en La Gaviota de Chéjov. 

“Ahora soy una verdadera actriz, trabajo con gusto, con entusiasmo, cuando estoy en escena experimento una especie de embriaguez y me siento hermosa. Y ahora, desde que estoy aquí, me paso el tiempo andando y pensando. Creo, Kostya, que en nuestro trabajo, sea el de actriz o escritor, lo que importa es saber aguantar. Saber llevar la cruz que se nos ha venido encima y tener fe. Y yo la tengo ahora y no sufro tanto como antes. Y cuando pienso en mi vocación no le tengo miedo a la vida.”

Encuentro una nueva fe que me acompaña al sabernos capaces de reconocernos en nuestras incertidumbres, decirlas y compartir el peso del autoreconocimiento, la vocación y el amor por el hacer. 


Podcast “Esto no es un voicenote” disponible en todas las plataformas. 

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